11 Oct 2016
ducles

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(Este artículo se publicó anteriormente en el Blog Agrointeligencia)


La población humana del planeta llegará en breve a los 7.000 millones de habitantes. 

De ellos, una proporción creciente vivirá en ciudades. En términos de demanda de alimentos eso supone que habrá más bocas que llenar y menos manos disponibles para hacerlo. No vamos a entrar aquí en valorar la magnitud exacta de aquel aumento y de este descenso, lo que nos interesa es la dirección de los cambios y las consecuencias que sobre la producción agroalimentaria tendrá. 

Tampoco vamos a considerar otros factores que sin duda también influirán de manera decisiva, como son los gustos de los consumidores, la distribución del poder de mercado a lo largo de la cadena de distribución alimentaria, la distribución de tierras y de agua para el riego o el grado de conexión de los mercados agrarios mundiales… Si hay que producir más alimentos con menos personas, lo obvio es que habrá que aumentar la productividad del trabajo en el agro mundial. 

Obviamente, habrá lugares en los que el aumento sea muy sencillo, porque la capitalización del sector agrario ni siquiera haya comenzado. Pero en otros lugares, sobre todo en los países desarrollados, el aumento de la productividad será más complicado por el mero hecho de que los niveles conseguidos ya son muy altos.

Por otra parte, la tecnología ha ido ganando presencia en cada vez más ámbitos de nuestra vida, hasta el punto de que se ha convertido para una gran cantidad de los ciudadanos de este planeta en algo que se lleva siempre encima (como los teléfonos móviles). 

Las tecnologías de la información han revolucionado nuestra manera de comunicarnos, han esponjado la sociedad y a las empresas a favor de la globalización y de una mayor permisividad ante nuevos avances tecnológicos. Avances que, por otro lado, se han acelerado de forma importante en las últimas décadas. 

La llamada “Revolución Verde“, que posibilitó el crecimiento de la productividad agraria en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, era en el fondo una revolución tecnológica, basada en el enriquecimiento de la fecundidad de los suelos.

Finalmente, el deterioro del medio ambiente y sus cada vez más manifiestos efectos sobre nuestra forma de vida nos imponen una limitación absoluta: no podemos aumentar la producción a costa de la utilización ilimitada de recursos, ni podemos hacerlo a costa del deterioro medioambiental a largo plazo. 

A estas alturas seguro que ya has adelantado la conclusión, se trata de aumentar la producción, con menos mano de obra y con menos recursos productivos (agua, tierra, abonos, fitosanitarios). Afortunadamente esto hay que hacerlo en un momento en el que la tecnología está relativamente dulce. 

Los avances ya no se limitan a la mejora de la calidad de los suelos y al tratamiento de las enfermedades y malas hierbas, hoy alcanzan a los procesos de información para la toma de decisiones, la robotización de procesos, la optimización del manejo, la mejora acelerada de las variedades, etc. Con el uso de tecnologías que no son ciencia ficción, sino que están disponibles ya, podemos mejorar el rendimiento de nuestros cultivos al mismo tiempo que optimizamos el consumo de inputs, favoreciendo con ello la sostenibilidad del sistema. 

También podemos cerrar en mayor medida que en décadas anteriores los ciclos de energía y materia de los procesos, ahorrando costes de producción o aumentando los ingresos de explotación. Obviamente, el ritmo de adopción de estas tecnologías debe ir de la mano de la rentabilidad de las mismas para los agricultores y ganaderos. En cualquier caso, y al margen de la velocidad de adopción de los nuevos sistemas, la agricultura del mundo de 7.000 millones de almas, será mucho más tecnológica que la actual: desde la semilla hasta el proceso de recolección y poscosecha.

23 May 2016
ducles

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En los últimos días hemos venido asistiendo a un rosario de noticias sobre la oferta de compra de Monsanto por parte de Bayer (por ejemplo, aquí), a la sazón dos de los principales agentes en el mercado de las semillas y de los agroquímicos, respectivamente. Este movimiento, que desde el punto de vista empresarial tiene todo el sentido del mundo (la empresa fusionada se convertiría en la segunda mayor corporación de los inputs agrarios por detrás de BASF), daría lugar a un megagigante con presencia en los principales ámbitos de los insumos agrarios, excepción hecha de la maquinaria.

Aunque es posible que la fuente esté sesgada, un reciente informe del Grupo ETC (aquí en español) señalaba los niveles de concentración de diversos subsectores de inputs. Teniendo en cuenta los tres primeros productores de cada mercado, las tasas de concentración de los mismos eran:

  • Semillas: 55 %.
  • Agroquímicos: 51 %.
  • Maquinaria y equipo agrícola: 49 %.
  • Fertilizantes: 21 %.

Gráfico concentración

Según ese mismo informe, Monsanto obstenta ya el 26 % del mercado de semillas, al que habría que sumarle el 3 % de Bayer. En plaguicidas, Bayer posee el 18 % y Monsanto el 8 %. La nueva empresa fortalecería el liderazgo de la estadounidense en las semillas y alcanzaría el de plaguicidas. Esta compra, por tanto, va a contribuir a aumentar la concentración de los mercados de productos agrarios. Unos mercados que en la mayor parte de sus componentes ya son en realidad oligopolios de alcance global.

Al margen de las consideraciones sobre el bienestar que se puedan hacer en relación a los mercados colusivos, y reconociendo que la dimensión puede tener repercusiones positivas sobre el I+D, lo cierto es que este tipo de operaciónes concentran en pocas manos cuestiones que tienen que ver, no ya con el nivel de eficiencia de las sociedades, sino con la propia capacidad de reproducción de las mismas, ya que indirectamente queda en manos de muy pocos el sistema de alimentación de la población, la base de la vida.

Por otro lado, aunque muy relacionado con lo anterior, resulta sorprendente que en países como España, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia se muestre especialmente sensible cuando los agricultores alcanzan acuerdos de precios mínimos y argumente la protección de los consumidores para desbaratarlos y sancionar a los firmantes, mientras que en lo que respecta a este tipo de operaciones no suele reaccionar con la misma contundencia.

Habrá que esperar a ver que dicen, primero, los accionistas de Monsanto y, después, los tribunales de la competencia de Europa y Estados Unidos. Yo, personalmente, apuesto a que señalarán los enormes beneficios que para la sociedad mundial tendrán las sinergias de ambas empresas...

Hagan sus apuestas...

5 May 2016
ducles

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Hace unos días se estrenó un nuevo blog sobre agricultura inteligente, y los promotores me hicieron el honor de inaugurarlo con un post mío. Pego aquí el arranque y el enlace al nuevo blog. Espero que interese:

"La población humana del planeta llegará en breve a los 7.000 millones de habitantes. De ellos, una proporción creciente vivirá en ciudades. En términos de demanda de alimentos eso supone que habrá más bocas que llenar y menos manos disponibles para hacerlo. No vamos a entrar aquí en valorar la magnitud exacta de aquel aumento y de este descenso, lo que nos interesa es la dirección de los cambios y las consecuencias que sobre la producción agroalimentaria tendrá. 

Tampoco vamos a considerar otros factores que sin duda también influirán de manera decisiva, como son los gustos de los consumidores, la distribución del poder de mercado a lo largo de la cadena de distribución alimentaria, la distribución de tierras y de agua para el riego o el grado de conexión de los mercados agrarios mundiales… Si hay que producir más alimentos con menos personas, lo obvio es que habrá que aumentar la productividad del trabajo en el agro mundial. 

Obviamente, habrá lugares en los que el aumento sea muy sencillo, porque la capitalización del sector agrario ni siquiera haya comenzado. Pero en otros lugares, sobre todo en los países desarrollados, el aumento de la productividad será más complicado por el mero hecho de que los niveles conseguidos ya son muy altos.

Por otra parte, la tecnología ha ido ganando presencia en cada vez más ámbitos de nuestra vida, hasta el punto de que se ha convertido para una gran cantidad de los ciudadanos de este planeta en algo que se lleva siempre encima (como los teléfonos móviles). 

Las tecnologías de la información han revolucionado nuestra manera de comunicarnos, han esponjado la sociedad y a las empresas a favor de la globalización y de una mayor permisividad ante nuevos avances tecnológicos. Avances que, por otro lado, se han acelerado de forma importante en las últimas décadas."

Continuar leyendo en Agrointeligencia.com

21 Mar 2016
ducles

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Los economistas tendemos a olvidar la dimensión geográfica en nuestros análisis. Aunque en el caso de la economía agraria este olvido es mucho menos frecuente a causa de la propia naturaleza de la actividad agraria y el peso decisivo que las condiciones climáticas (vinculadas precisamente con la geografía) tiene sobre ella. No obstante, hay una cuestión que se nos pasa de largo normalmente, esta es la existencia de economías crecientes de escala.

Parece una obviedad, pero en la realidad son muy numerosos los casos de industrias o sectores en los que se dan este tipo de economías de escala. El adjetivo de crecientes implica que los aumentos de productividad son más intensos que los de la propia escala. Es decir, que si, por ejemplo, se dobla el uso de recursos, se puede obtener más del doble de producción final. Y, aunque en el caso de una empresa individual este extremo no se cumpla, sí que podría funcionar en el caso del sector en su totalidad o, y aquí está la gracia, en una concentración territorial de producción.

En este sentido, la moderna teoría del comercio internacional pone el énfasis en este tipo de ventajas competitivas, derivadas no ya de una ventaja comparativa absoluta o relativa, sino también del surgimiento de este tipo de economías cuando se concentra la producción en un determinado territorio. En cierta medida, es lo que pasa en España. La zona de producción de citricos del Levante primero cuenta con unas condiciones climatólogicas apropiadas, pero luego, el propio tamaño que alcanza la producción en la zona permite que se otengan beneficios añadidos del mismo, como ahorros derivados de la compra de suministros (cuya producción tenderá a concentrarse en su proximidad), o de la mejora de la logística al ampliarse las posibilidades respecto a la misma precisamente por la concentración productiva. Es este también el caso de los sistemas productivos locales vinculados a los invernaderos en el sureste español o a la producción de porcino en diversas zonas del país.

La existencia de estos rendimientos crecientes a escala en muchos sectores explica la tendencia a la concentración geográfica de los mismos y explica también el fortalecimiento de estos. Ahora bien, también es cierto que es cierto que estos rendimientos actúan de manera perenne y que, a partir de un determinado umbral, los rendimientos comienzan a ser decrecientes. También es posible que otros territorios puedan alcanzar situaciones similares y que, por tanto, puedan comenzar a ser competitivas también.

De todas formas, la próxima vez que usted contemple una acumulación de empresas agroalimentarias de un mismo sector en un área concreta, pregúntese si se debe solo a las características climatologicas o si esa acumulación ha logrado beneficiarse de rendimientos crecientes de escala. Porque, si estamos en el segundo caso, la capacidad competitiva del conjunto será mucho mayor de lo que podríamos pensar y su capacidad de supervivencia también...

1 Feb 2016
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Año tras año, los agricultores españoles se devanan los sesos buscando soluciones para los cada vez más frecuentes bajos niveles de precios. Teniendo en cuenta que lo de los bajos precios siempre es relativo (ya que el beneficio viene marcado por la diferencia entre ingresos y gastos), lo cierto es que bajo esa preocupación repetitiva y bastante justificada en la mayor parte de las ocasiones, se encierra una triste realidad: la escasa influencia de los productores en la configuración del precio de sus productos.

precios

Gráfico: Precios semanales del tomate en Andalucía. Fuente: Observatorio de precios de la Junta de Andalucía

El mercado, el mecanismo de asignación de cantidades y precios, es la herramienta de la que nos hemos dotado para gestionar la producción y distribución de la mayor parte de los bienes y servicios en nuestras modernas sociedades capitalistas. Bajo este prisma, sería la libre concurrencia de la oferta y la demanda la que definiría el precio, el cual sería la principal referencia que permitiría que oferentes y demandantes se fueran ajustando para satisfacer sus propias necesidades. Sin embargo, lo que parece sencillo y hasta razonable en un mercado ideal de competencia perfecta, en la realidad no es ni tan evidente ni tan claro, ni automático.

Para empezar, el mercado de suministros agrarios está cada vez más concentrado, lo que implica que unos pocos y muy grandes agentes suministradores proporcionan los inputs de los agricultores. Estos, a su vez, son relativamente pequeños y tienen poca capacidad de negociación sobre los precios de estos inputs, muchos de los cuales son imprescindibles para el desarrollo de la actividad. Pero es que en el lado de la demanda, la situación es similar. La distribución minorista ha protagonizado en los últimos 20 años un imparable proceso de desintermediación, crecimiento y concentración, lo que ha transformado la estructura del comercio minorista tradicional. La cuestión es que para estas empresas “apretar” a sus proveedores es una constante natural, siendo la oferta de productos alimentarios la que actúa como “gancho” para atraer consumidores. En España, además, a causa de los descensos del consumo, las cadenas se han enzarzado en una guerra de precios cuyos platos rotos están pagando en gran parte los márgenes de los proveedores de las mismas.

En resumen, como se ha señalado ya en diversas ocasiones, los agricultores se encuentran entre la espada de las presiones de las cadenas de la moderna distribución y la pared de unos costes controlados por unos pocos y gigantescos conglomerados multinacionales. Por eso el foco de atención sigue siendo el precio de venta. Cuando, para colmo de males, nos encontramos con unas condiciones climatológicas que favorecen la producción en momentos del año que tradicionalmente se definían por la relativa escasez, el problema puede acabar alcanzando proporciones épicas.

En estos días, todo aquel que visite la Fruitlogística de Berlín comprobará el enorme dinamismo y la magnífica oferta de frutas y hortalizas que se cierne sobre la UE, tanto de origen intra como extracomunitario. Una oferta en la que España juega un papel protagonista, ya que la nuestra es de las más variadas y competitivas del mundo, como pone de manifiesto la evolución de nuestras exportaciones agroalimentarias desde el arranque de la crisis financiera internacional.

Sin embargo, cuando año tras año, se repite el esquema y el precio se convierte en la piedra de toque una vez tras otra, no nos queda más remedio que reconocer que nos enfrentamos a un problema estructural, que trasciende la coyuntura de una u otra campaña. El atasco en los precios hasta cierto punto nos bloquea y no nos deja ver las verdaderas causas de esta sensación de crisis permanente que se vive en el campo. La conclusión debería ser evidente para todos, el problema de los precios es más una cuestión de estructura de mercado que un desajuste temporal entre oferta y demanda. Por tanto, la solución no puede ser efímera: eliminar excedentes o exigir intervenciones son siempre opciones temporales y no deberían prolongarse mucho. Tanto una como otra tienen importantes costes económicos, pero sobre todo sociales y repercuten en una menor justificación moral de los agricultores frente al conjunto de la sociedad.

Hay, por tanto, que revisar el entramado institucional (entendiendo que el mercado es una institución) bien ajustando las reglas de funcionamiento del mismo, bien modificando las relaciones de poder dentro de él. Tanto lo uno como lo otro pasan por un reforzamiento del papel de los agricultores y ganaderos en este nuevo mercado. En realidad, la situación de estrechamiento de márgenes secular llevará indefectiblemente a un modelo de empresas agrarias más grandes, a la integración vertical y horizontal de muchas de las actuales o, incluso, a la entrada de las cadenas en la producción agraria. Estas soluciones tienen en común el aumento de la asalarización de los agricultores y la drástica reducción del número de explotaciones. Hay otra alternativa, que permitiría el mantenimiento de muchas de las explotaciones sin necesidad de concentrar la propiedad o la explotación. Y, lo bueno, es que no hay que inventarla: se trata del cooperativismo o la colaboración de los agricultores para ofrecer en común sus producciones y concentrar las compras de insumo; aunque a niveles más amplios que los actuales en términos de volumen.

¿Serán capaces los agricultores y las cooperativas españolas de salir del atolladero de los precios mirando por encima de estos hacia el futuro o nos veremos abocados a una solución sembrada de “cadáveres agrarios”? El tiempo lo dirá…

15 Jan 2016
ducles

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Revisitamos este tema, aunque esta vez de la mano de una interesante presentación de Ignacio Atance y que se puede consultar en la web del MAGRAMA (enlazada aquí). Las conclusiones de la primera parte no son nuevas, señala que la evolución del crédito al sector ha tenido un comportamiento menos extremo que el del conjunto de la economía española, y que sus tasas de morosidad son similares a las del resto de las actividades productivas (eliminando de ellas a la construcción y la actividad inmobiliaria).

financiación MAGRAMA

Gráfico: Variación del crédito y evolución de la tasa de dudoso.

La parte más novedosa es la que se dedica a explotar los datos del ICO. A través de este instrumento financiero del sector público se financia un gran volumen de operaciones. Así, en 2014 el sector agroalimentario pesaba en el balance del ICO un 20,2 %, muy por encima del peso del sector en la economía española (en torno al 9 %). Otro dato llamativo es que en el caso de la industria, la mayoría de los créditos son a corto plazo y se insertan en líneas específicas de apoyo a la exportación.

De entrada, la curiosa "especialización" del ICO en agroalimentario es muy llamativa. No tengo muy claro cual es la causa, aunque intuyo que muy posiblemente tenga que ver con el histórico distanciamiento de la banca tradicional con respecto al sector, el cual tampoco requería de grades inversiones (antes), ni presentaba grandes posibilidades de desarrollo del negocio financiero. Por tanto, recurrir al ICO sería una opción "natural".

Con respecto a la fuerte presencia de la exportación en la financiación de la industria de los alimentos tiene pinta de estar relacionado con la verdadera revolución exportador que este sector ha tenido en toda España en los años de la crisis.

4 Jan 2016
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Recién estrenado el año, retomamos uno de los temas recurrentes de esta bitácora: la dimensión de las empresas del sector agroalimentario. Con los datos del DIRCE hemos realizado una distribución de las mismas por número de empleados y subsector. La idea es descubrir en cuáles de los ellos hay una mayor presencia de microempresas, definidas estas como aquellas que tienen menos de 10 empleados. Antes de nada y, a beneficio de inventario, señalaremos que el sector está viviendo un intenso proceso de concentración en los últimos años, que está provocando que su dimensión media sea mayor que la del conjunto de la industria española. Así, el porcentaje de microempresas en la Industria de los Alimentos y Bebidas (AIB) es del 79,8 %, frente al 95,8 % del global.

Fijándonos en el gráfico que acompaña y como puede observarse, el subsector en el que hay una mayor dimensión (o un menor porcentaje de microempresas) es en el de procesado de pescado, marisco y crustáceos, que presenta una incidencia del 55 % de microempresas, al tiempo que las  pequeñas (de 10 a 49 trabajadores) alcanzan el 32 %, que es el máximo del gráfico.

El segundo sector con las empresas menos pequeñas es la fabricación de productos para la alimentación animal, seguido muy de cerca por el procesado y conservación de frutas y hortalizas.

En el lado contrario, es decir, con mayor porcentaje de microempresas se encuentra la fabricación de panadería y pastas alimenticias, que suele incluir a las panaderías, por lo que o es de extrañar este resultado.

Dejo al lector la tarea de ordenar los resultados y propongo como tema para debatir las razones de las diferencias entre los subsectores. 

IAB

Fuente: DIRCE

17 Dec 2015
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Este artículo se ha elaborado para el Anuario de la Agricultura de La Voz de Almería y es una reflexión personal en torno al Análisis de la campaña hortofrutícola de Almería 2014-2015 de Cajamar Caja Rural.

Antes de que la economía fuera economía, antes de que Smith escribiera La riqueza de las naciones, o de que Marshall desligara la economía de la ética, el pensamiento económico se encontraba enmarañado en leyendas y textos de carácter moral o religioso; verbigracia, la Biblia. En el Génesis, además del mito semita de la creación, nos encontramos al patriarca José, en el destierro de los hebreos en Egipto. El entonces esclavo judío interpreta un sueño del faraón, que había visto subir por el río siete vacas “hermosas a la vista, y muy gordas”, y tras ellas otras siete “de feo aspecto y enjutas de carne” que terminaban devorando a las gordas.

Análisis campaña Cajamar

José, a la manera de un proto-Keynes interpretó que habría siete años de buenas cosechas, que vendrían seguidos de otros siete de sequía y que los años malos acabarían con la abundancia de Egipto. Así que le recomienda al todopoderoso gobernante que aproveche los años de abundancia y que almacene en los silos del faraón provisiones de grano suficientes para los años malos que vendrían después. Al margen de ser una medida de equilibrio de mercado ejecutada desde el sector público (salvando las muchas distancias), se trata de un consejo de prudencia que casi todo el mundo tenía en mente en los años de la España pobre y escasa y que poco a poco se fue olvidando a medida que nos hacíamos ricos.

El sector hortofrutícola almeriense lleva muchos años de récords casi consecutivos, en los que se baten cifras de superficie cultivada, toneladas producidas y exportadas y valor de la cosecha. Estos éxitos son el producto de la enorme competitividad acumulada por nuestra agricultura de invernadero durante el esfuerzo continuado de décadas. Y esta, a su vez, se origina en un conjunto de factores que van desde la rapidez y eficiencia en la introducción de novedades productivas en las explotaciones, o la flexibilidad del modelo para adaptarse rápidamente a los cambiantes requerimientos del mercado, a las ventajas asociadas a las economías de aglomeración. En los últimos años, además, al constituirse como uno de los pocos sectores económicos que funcionaban en la provincia, se ha convertido en el destino de muchas inversiones y de mucho capital humano de calidad.

Este impulso, obviamente, no tiene porqué desaparecer. Actualmente, el sector se encuentra en medio de un círculo virtuoso en el que los buenos resultados  atraen más inversiones y recursos para el mismo, lo cual contribuye a mejorar y reforzar la competitividad. Sin embargo, no es mala cosa tener en mente el sueño del faraón. Los buenos tiempos no son eternos y no podemos cometer la imprudencia de que un par de malos años nos encuentren sobrendeudados o demasiado apalancados.

La prudencia a veces se confunde con cobardía. No se trata de dejar de aprovechar oportunidades de mercado, por supuesto. Se trata de tener en cuenta la posibilidad de fallo, y plantearse alternativas de salida. En el fondo es desarrollar el pensamiento estratégico en las organizaciones comerciales de la agricultura y, sobre todo, en las propias explotaciones. Este es el eslabón más complicado, más que nada por el número de agricultores  que existen (entre once y trece mil) y la tendencia de muchos de ellos a considerarse agricultores y no empresarios, olvidando que lo que te hace empresario no es tu propia consideración, sino la capacidad de gestionar unos recursos escasos para producir unos bienes que se intercambiarán en los mercados.

 Así que, reinterpretando el sueño del faraón en clave del sector agrícola almeriense actual, tendríamos que pensar que no siempre vamos a conseguir batir récords, porque los impulsos tienen a ir perdiendo fuerza con el tiempo, porque los competidores no se estarán quietos y cualquier sistema productivo está condicionado por unas variables físicas sobre las que hay poco control (esto siempre es más que cierto en la agricultura). Estamos en medio de los años de bonanza, y como precavidos gobernantes de nuestra propia hacienda, deberíamos comenzar a ser prudentes. Desgraciadamente, ya no basta con guardar para las vacas flacas, ya que los tiempos y mercados actuales requieren una actualización constante tanto de los productos como de las capacidades productivas. Pero podemos considerar que ahora la prudencia es sinónima de asignar una probabilidad superior a cero a la opción menos favorable y que tengamos esta en cuenta a la hora de realizar nuestras inversiones y de planificar las campañas.

La campaña 2015-2016 está iniciándose con precios reducidos, con un adelanto masivo de las producciones por el retraso en la llegada del “general Invierno”. Queda aún margen de mejora de aquí a junio, pero para los agricultores que hayan tenido mala suerte con su elección de fecha de siembra y cultivo, pueden haber acortado su margen de supervivencia, convirtiéndose la segunda parte de la campaña en un cara o cruz extremadamente vital. Mucho más vital cuanto más agotada se encuentre su capacidad de endeudamiento.

Si los augurios sobre el cambio climático se siguen cumpliendo, los inviernos cálidos serán cada vez más frecuentes, con lo que nuestra precocidad puede convertirse en un arma de doble filo. Por tanto, la alternancia entre campañas buenas y malas seguirá siendo una de las características definitorias de esta actividad. Y, también por tanto, y volviendo a esa prudencia bien entendida, entre los objetivos del sector tendríamos que considerar la generación de mecanismos, tanto productivos, como financieros, para hacer frente a estas situaciones en el futuro. La madurez del sector, su capacidad innovadora, los mecanismos creados para la difusión del conocimiento, las organizaciones de comercialización y profesionales deberían ponerse en juego no solo para hacer frente a una nueva amenaza biológica o de mercado, deberían movilizarse también para organizar el futuro y evitar que las siete vacas flacas (que en algún momento llegarán) pongan en peligro todo lo que se ha construido en estos más de 50 años de revolución transparente en Almería.

17 Nov 2015
ducles

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Hace unos años tuve la fortuna de viajar por el norte de Italia invitado por una confederación de cooperativas de crédito de la región del Trentino. Me sorprendió conocer las cifras del cooperativismo en aquella zona, en la que más del 25 % de la población o trabajaba en una cooperativa o era socio de alguna. Eso se reflejaba en el prestigio social que “lo cooperativo” tenía en la zona, hasta el punto que todos los productos y servicios ofrecidos por este tipo de empresas hacían gala en sus marcas o envases de esta característica. Ser un producto o servicio de cooperativa era valorado positivamente por la sociedad, era un plus que claramente añadía valor al producto.

cooperativa

Sigo con los recuerdos, aunque este es un poco más cercano en el tiempo y en el espacio. Fue en el último congreso nacional de cooperativas agroalimentarias que se celebró en Valencia hace aproximadamente un año. El gerente de una exitosa cooperativa de vinos afirmaba que hacía muy poco tiempo que habían decidido salir del armario y reconocer lo que en realidad eran: una cooperativa. Ni en sus marcas, ni en su comunicación comercial aparecía por ninguna parte la fórmula jurídica de la empresa.

Esta diferencia sustancial entre la valoración social de la cooperativa entre países muy cercanos en sus estructuras agrarias y sociales es muy llamativa: ¿por qué en Italia ser cooperativa añade valor mientras que en España sale a cuenta ocultarlo? En el mundo de los vinos la respuesta salta a la vista. El consumidor piensa que los vinos de cooperativa son de peor calidad que los de bodegas privadas. Es posible que esa idea hoy por hoy sea falsa, pero es evidente que durante mucho tiempo fue verdad, y fue tan verdad que creó un estereotipo social. En el resto de categorías pasa un poco lo mismo. El consumidor asume que las cooperativas no son sinónimo ni de calidad y, ni mucho menos, de modernidad e innovación. Por el contrario, se asocia con valores como la tradición, pero en su perspectiva de inmovilidad, de viejo o antiguo.

Y, sin embargo, la realidad es que una parte muy importante de las producciones agrícolas y ganaderas españolas se comercializan a través de cooperativas. Y también es real que muchas de ellas han decidido optar por la modernización y la innovación, desde la propia producción hasta la comercialización, planteando saltos importantes en la forma de ver el proceso y el producto.

Estas cooperativas son las que tarde o temprano cambiarán el estereotipo. Lo preocupante es la velocidad de ese cambio. Por un lado, la sociedad contemporánea está acostumbrándose a los cambios rápidos y eso implica que las ideas preconcebidas sean menos poderosas y duraderas. Pero, por otro lado, las cooperativas innovadoras aún son minoría y algunas de ellas incluso ocultan su naturaleza. Para que el apellido cooperativa se convierta en un elemento que sume en el mercado agroalimentario necesitamos que sean cada vez más las empresas que se decidan a hacer cosas nuevas y mejores. Hay aún mucho por hacer, porque apenas se ha hecho nada. Los tiempos de revolución (y, en cierta forma, estos lo son), siempre producen sufrimiento, pero también terminan generando avances.

Las palancas en los que nuestras cooperativas deben basar su apuesta por la innovación están tanto en las vías tradicionales (el manejo, las variedades, las estructuras productivas), como en otras menos clásicas pero igual o más importantes (la logística de la distribución, el diseño, la tecnología, las técnicas de venta, ...). En este sentido habrá que hacer mucho hincapié en las emociones de los consumidores, unas emociones que son las que dictan, mucho más de lo que se suele considerar, las decisiones de todos nosotros. En el momento en el que la palabra cooperativa suscite emociones positivas en la mente de los consumidores, definitivamente habremos salido del armario. Y lo habremos hecho para siempre...

19 Oct 2015
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En los últimos días un compañero de Cataluña me pedía ayuda sobre unas reflexiones de la Plataforma Agroforum. Para ello me enviaba un documento muy completo en el que se tratan aspectos que a buen seguro van a influir sobre el desarrollo de la agricultura mundial en los próximos años. Aunque es posible que resulten algo deslabazadas, ya que son fruto de la urgencia en la que se desenvuelve el día a día, creo que las notas que le pasé al compañero pueden ser un buen punto de partida para un debate más profundo. Espero vuestros comentarios al respecto:

a) Los combustibles fósiles y otros recursos naturales

Desde hace unos años se ha producido un “enganche” entre los precios de los alimentos y los combustibles. Dicho enganche se debe a dos cuestiones principalmente: los inputs de la agricultura, cada vez más vinculados a materias primas petroleras; y los biocombustibles actuales, que en la mayoría de las ocasiones tienen doble uso (alimentación humana y energía). 

Por otro lado, parece cada vez más evidente que hemos traspasado ya el pico del petróleo y que el evento fracking está desmoronándose (harora dicen que había mucho de burbuja financiera detrás del fenómeno). 

El escenario a medio y largo plazo es, pues, de un flujo petrolero menguante, un aumento del precio en el horizonte mediano y la necesidad de introducir tecnologías productivas que dependan lo menos posible de él.

fracking

¿El final de la era fracking?

b) El desafío alimentario 

En este apartado, casi nada que añadir. Tal vez mencionar que el cambio climático va a tener mucho que decir en este aspecto y que las estrategias de mitigación y adaptación que se sigan van a repercutir incluso en las demandas de los consumidores.  A corto plazo, el cambio en la alimentación de los emergentes podría beneficiarnos, ya que están adoptando básicamente el paquete alimentario occidental, pero a largo plazo hay que jugar con otras variables, como el propio cambio climático.

Hay una tendencia creciente en la demanda de los países occidentales, en las que la alimentación como fuente de salud tiene mucha importancia: a medio plazo la relación alimento-salud va a intensificarse (importancia de los estudios que demuestren o busquen correlatos entre alimentos y procesos biológicos en los humanos, creciente aociación de alimento con medicamento). 

Atención también a la emergente corriente de la economía compartida, que podría suponer un reforzamiento de los canales cortos de distribución. (La importancia creciente de los consumidores de auto organizarse haciendo uso de las TIC).

c) El cambio climático

Dentro de las estrategias adaptativas tal vez sea relevante el estudio de nuevas especies productivas mejor adaptadas a las nuevas condiciones o, incluso, el desarrollo de variedades vegetales y animales con mejores características para soportar los cambios (plantas que aguantes mejor el estrés hídrico, animales que aprovechen mejor el alimento, etc.).

En este sentido, y desde el punto de vista social, también será necesario organizar estrategias que permitan a las poblaciones una mejor adaptación, estrategias que pueden implicar desde ayudas para la adaptación a las repercusiones del cambio climático hasta el reasentamiento de poblaciones en los casos más extremos.

d) La desigualdad

Aquí podemos tirar de Piketty y de su constatación de que a largo plazo el capitalismo tiende a crear desigualdades de renta extremas. Si estuviera en lo cierto -y yo creo que lo está-, el problema sería tremendo, ya que implica la modificación de todo el entramado socio económico sobre el que estamos viviendo. Lo cierto es que el resto de factores sobre los que se habla en el documento van a presionar al sistema de manera importante en los próximos años, provocando con casi total seguridad una mutación del mismo. El problema es la elevada incertidumbre que se va a crear y las tensiones geopolíticas a las que tendremos que enfrentarnos (a las que de hecho ya nos estamos enfrentando, más sobre esto aquí y aquí). La suma de incertidumbre e inestabilidad puede ser terreno de labor abonadopara que enraícen los populismos de todo signo y pelaje, por lo que en última instancia también estaría en peligro la propia supervivencia de la democracia.

Ojo, un reflejo de los problemas geopolíticos son las oleadas de migrantes y refugiados. Las sociedades opulentas y envejecidas europeas, a las que les vendría bien un impulso demográfico en los estratos inferiores de las pirámides de población, están respondiendo con miedo y con preferencia por partidos de corte nacionalista y populista. La solidaridad, que es una parte fundamental de la solución, no solo no está ganando la partida, sino que se encuentra cada vez más en retroceso en unas sociedades prácticamente autistas que no ven más allá de sus propios miedos.

Estas tensiones, por otra parte, son un elemento que puede poner piedras en el camino de la globalización. No olvidemos que el mundo ya ha vivido un proceso globalilzador entre finales del s. XIX y principios del XX que generó tales tensiones que tuvimos que vivir dos guerras mundiales para aliviarlas…

 

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David Uclés Aguilera

Economista funambulista entre ser y querer ser
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