11 Oct 2016
ducles

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(Este artículo se publicó anteriormente en el Blog Agrointeligencia)


La población humana del planeta llegará en breve a los 7.000 millones de habitantes. 

De ellos, una proporción creciente vivirá en ciudades. En términos de demanda de alimentos eso supone que habrá más bocas que llenar y menos manos disponibles para hacerlo. No vamos a entrar aquí en valorar la magnitud exacta de aquel aumento y de este descenso, lo que nos interesa es la dirección de los cambios y las consecuencias que sobre la producción agroalimentaria tendrá. 

Tampoco vamos a considerar otros factores que sin duda también influirán de manera decisiva, como son los gustos de los consumidores, la distribución del poder de mercado a lo largo de la cadena de distribución alimentaria, la distribución de tierras y de agua para el riego o el grado de conexión de los mercados agrarios mundiales… Si hay que producir más alimentos con menos personas, lo obvio es que habrá que aumentar la productividad del trabajo en el agro mundial. 

Obviamente, habrá lugares en los que el aumento sea muy sencillo, porque la capitalización del sector agrario ni siquiera haya comenzado. Pero en otros lugares, sobre todo en los países desarrollados, el aumento de la productividad será más complicado por el mero hecho de que los niveles conseguidos ya son muy altos.

Por otra parte, la tecnología ha ido ganando presencia en cada vez más ámbitos de nuestra vida, hasta el punto de que se ha convertido para una gran cantidad de los ciudadanos de este planeta en algo que se lleva siempre encima (como los teléfonos móviles). 

Las tecnologías de la información han revolucionado nuestra manera de comunicarnos, han esponjado la sociedad y a las empresas a favor de la globalización y de una mayor permisividad ante nuevos avances tecnológicos. Avances que, por otro lado, se han acelerado de forma importante en las últimas décadas. 

La llamada “Revolución Verde“, que posibilitó el crecimiento de la productividad agraria en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, era en el fondo una revolución tecnológica, basada en el enriquecimiento de la fecundidad de los suelos.

Finalmente, el deterioro del medio ambiente y sus cada vez más manifiestos efectos sobre nuestra forma de vida nos imponen una limitación absoluta: no podemos aumentar la producción a costa de la utilización ilimitada de recursos, ni podemos hacerlo a costa del deterioro medioambiental a largo plazo. 

A estas alturas seguro que ya has adelantado la conclusión, se trata de aumentar la producción, con menos mano de obra y con menos recursos productivos (agua, tierra, abonos, fitosanitarios). Afortunadamente esto hay que hacerlo en un momento en el que la tecnología está relativamente dulce. 

Los avances ya no se limitan a la mejora de la calidad de los suelos y al tratamiento de las enfermedades y malas hierbas, hoy alcanzan a los procesos de información para la toma de decisiones, la robotización de procesos, la optimización del manejo, la mejora acelerada de las variedades, etc. Con el uso de tecnologías que no son ciencia ficción, sino que están disponibles ya, podemos mejorar el rendimiento de nuestros cultivos al mismo tiempo que optimizamos el consumo de inputs, favoreciendo con ello la sostenibilidad del sistema. 

También podemos cerrar en mayor medida que en décadas anteriores los ciclos de energía y materia de los procesos, ahorrando costes de producción o aumentando los ingresos de explotación. Obviamente, el ritmo de adopción de estas tecnologías debe ir de la mano de la rentabilidad de las mismas para los agricultores y ganaderos. En cualquier caso, y al margen de la velocidad de adopción de los nuevos sistemas, la agricultura del mundo de 7.000 millones de almas, será mucho más tecnológica que la actual: desde la semilla hasta el proceso de recolección y poscosecha.

5 May 2016
ducles

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Hace unos días se estrenó un nuevo blog sobre agricultura inteligente, y los promotores me hicieron el honor de inaugurarlo con un post mío. Pego aquí el arranque y el enlace al nuevo blog. Espero que interese:

"La población humana del planeta llegará en breve a los 7.000 millones de habitantes. De ellos, una proporción creciente vivirá en ciudades. En términos de demanda de alimentos eso supone que habrá más bocas que llenar y menos manos disponibles para hacerlo. No vamos a entrar aquí en valorar la magnitud exacta de aquel aumento y de este descenso, lo que nos interesa es la dirección de los cambios y las consecuencias que sobre la producción agroalimentaria tendrá. 

Tampoco vamos a considerar otros factores que sin duda también influirán de manera decisiva, como son los gustos de los consumidores, la distribución del poder de mercado a lo largo de la cadena de distribución alimentaria, la distribución de tierras y de agua para el riego o el grado de conexión de los mercados agrarios mundiales… Si hay que producir más alimentos con menos personas, lo obvio es que habrá que aumentar la productividad del trabajo en el agro mundial. 

Obviamente, habrá lugares en los que el aumento sea muy sencillo, porque la capitalización del sector agrario ni siquiera haya comenzado. Pero en otros lugares, sobre todo en los países desarrollados, el aumento de la productividad será más complicado por el mero hecho de que los niveles conseguidos ya son muy altos.

Por otra parte, la tecnología ha ido ganando presencia en cada vez más ámbitos de nuestra vida, hasta el punto de que se ha convertido para una gran cantidad de los ciudadanos de este planeta en algo que se lleva siempre encima (como los teléfonos móviles). 

Las tecnologías de la información han revolucionado nuestra manera de comunicarnos, han esponjado la sociedad y a las empresas a favor de la globalización y de una mayor permisividad ante nuevos avances tecnológicos. Avances que, por otro lado, se han acelerado de forma importante en las últimas décadas."

Continuar leyendo en Agrointeligencia.com

21 Mar 2016
ducles

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Los economistas tendemos a olvidar la dimensión geográfica en nuestros análisis. Aunque en el caso de la economía agraria este olvido es mucho menos frecuente a causa de la propia naturaleza de la actividad agraria y el peso decisivo que las condiciones climáticas (vinculadas precisamente con la geografía) tiene sobre ella. No obstante, hay una cuestión que se nos pasa de largo normalmente, esta es la existencia de economías crecientes de escala.

Parece una obviedad, pero en la realidad son muy numerosos los casos de industrias o sectores en los que se dan este tipo de economías de escala. El adjetivo de crecientes implica que los aumentos de productividad son más intensos que los de la propia escala. Es decir, que si, por ejemplo, se dobla el uso de recursos, se puede obtener más del doble de producción final. Y, aunque en el caso de una empresa individual este extremo no se cumpla, sí que podría funcionar en el caso del sector en su totalidad o, y aquí está la gracia, en una concentración territorial de producción.

En este sentido, la moderna teoría del comercio internacional pone el énfasis en este tipo de ventajas competitivas, derivadas no ya de una ventaja comparativa absoluta o relativa, sino también del surgimiento de este tipo de economías cuando se concentra la producción en un determinado territorio. En cierta medida, es lo que pasa en España. La zona de producción de citricos del Levante primero cuenta con unas condiciones climatólogicas apropiadas, pero luego, el propio tamaño que alcanza la producción en la zona permite que se otengan beneficios añadidos del mismo, como ahorros derivados de la compra de suministros (cuya producción tenderá a concentrarse en su proximidad), o de la mejora de la logística al ampliarse las posibilidades respecto a la misma precisamente por la concentración productiva. Es este también el caso de los sistemas productivos locales vinculados a los invernaderos en el sureste español o a la producción de porcino en diversas zonas del país.

La existencia de estos rendimientos crecientes a escala en muchos sectores explica la tendencia a la concentración geográfica de los mismos y explica también el fortalecimiento de estos. Ahora bien, también es cierto que es cierto que estos rendimientos actúan de manera perenne y que, a partir de un determinado umbral, los rendimientos comienzan a ser decrecientes. También es posible que otros territorios puedan alcanzar situaciones similares y que, por tanto, puedan comenzar a ser competitivas también.

De todas formas, la próxima vez que usted contemple una acumulación de empresas agroalimentarias de un mismo sector en un área concreta, pregúntese si se debe solo a las características climatologicas o si esa acumulación ha logrado beneficiarse de rendimientos crecientes de escala. Porque, si estamos en el segundo caso, la capacidad competitiva del conjunto será mucho mayor de lo que podríamos pensar y su capacidad de supervivencia también...

1 Feb 2016
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Año tras año, los agricultores españoles se devanan los sesos buscando soluciones para los cada vez más frecuentes bajos niveles de precios. Teniendo en cuenta que lo de los bajos precios siempre es relativo (ya que el beneficio viene marcado por la diferencia entre ingresos y gastos), lo cierto es que bajo esa preocupación repetitiva y bastante justificada en la mayor parte de las ocasiones, se encierra una triste realidad: la escasa influencia de los productores en la configuración del precio de sus productos.

precios

Gráfico: Precios semanales del tomate en Andalucía. Fuente: Observatorio de precios de la Junta de Andalucía

El mercado, el mecanismo de asignación de cantidades y precios, es la herramienta de la que nos hemos dotado para gestionar la producción y distribución de la mayor parte de los bienes y servicios en nuestras modernas sociedades capitalistas. Bajo este prisma, sería la libre concurrencia de la oferta y la demanda la que definiría el precio, el cual sería la principal referencia que permitiría que oferentes y demandantes se fueran ajustando para satisfacer sus propias necesidades. Sin embargo, lo que parece sencillo y hasta razonable en un mercado ideal de competencia perfecta, en la realidad no es ni tan evidente ni tan claro, ni automático.

Para empezar, el mercado de suministros agrarios está cada vez más concentrado, lo que implica que unos pocos y muy grandes agentes suministradores proporcionan los inputs de los agricultores. Estos, a su vez, son relativamente pequeños y tienen poca capacidad de negociación sobre los precios de estos inputs, muchos de los cuales son imprescindibles para el desarrollo de la actividad. Pero es que en el lado de la demanda, la situación es similar. La distribución minorista ha protagonizado en los últimos 20 años un imparable proceso de desintermediación, crecimiento y concentración, lo que ha transformado la estructura del comercio minorista tradicional. La cuestión es que para estas empresas “apretar” a sus proveedores es una constante natural, siendo la oferta de productos alimentarios la que actúa como “gancho” para atraer consumidores. En España, además, a causa de los descensos del consumo, las cadenas se han enzarzado en una guerra de precios cuyos platos rotos están pagando en gran parte los márgenes de los proveedores de las mismas.

En resumen, como se ha señalado ya en diversas ocasiones, los agricultores se encuentran entre la espada de las presiones de las cadenas de la moderna distribución y la pared de unos costes controlados por unos pocos y gigantescos conglomerados multinacionales. Por eso el foco de atención sigue siendo el precio de venta. Cuando, para colmo de males, nos encontramos con unas condiciones climatológicas que favorecen la producción en momentos del año que tradicionalmente se definían por la relativa escasez, el problema puede acabar alcanzando proporciones épicas.

En estos días, todo aquel que visite la Fruitlogística de Berlín comprobará el enorme dinamismo y la magnífica oferta de frutas y hortalizas que se cierne sobre la UE, tanto de origen intra como extracomunitario. Una oferta en la que España juega un papel protagonista, ya que la nuestra es de las más variadas y competitivas del mundo, como pone de manifiesto la evolución de nuestras exportaciones agroalimentarias desde el arranque de la crisis financiera internacional.

Sin embargo, cuando año tras año, se repite el esquema y el precio se convierte en la piedra de toque una vez tras otra, no nos queda más remedio que reconocer que nos enfrentamos a un problema estructural, que trasciende la coyuntura de una u otra campaña. El atasco en los precios hasta cierto punto nos bloquea y no nos deja ver las verdaderas causas de esta sensación de crisis permanente que se vive en el campo. La conclusión debería ser evidente para todos, el problema de los precios es más una cuestión de estructura de mercado que un desajuste temporal entre oferta y demanda. Por tanto, la solución no puede ser efímera: eliminar excedentes o exigir intervenciones son siempre opciones temporales y no deberían prolongarse mucho. Tanto una como otra tienen importantes costes económicos, pero sobre todo sociales y repercuten en una menor justificación moral de los agricultores frente al conjunto de la sociedad.

Hay, por tanto, que revisar el entramado institucional (entendiendo que el mercado es una institución) bien ajustando las reglas de funcionamiento del mismo, bien modificando las relaciones de poder dentro de él. Tanto lo uno como lo otro pasan por un reforzamiento del papel de los agricultores y ganaderos en este nuevo mercado. En realidad, la situación de estrechamiento de márgenes secular llevará indefectiblemente a un modelo de empresas agrarias más grandes, a la integración vertical y horizontal de muchas de las actuales o, incluso, a la entrada de las cadenas en la producción agraria. Estas soluciones tienen en común el aumento de la asalarización de los agricultores y la drástica reducción del número de explotaciones. Hay otra alternativa, que permitiría el mantenimiento de muchas de las explotaciones sin necesidad de concentrar la propiedad o la explotación. Y, lo bueno, es que no hay que inventarla: se trata del cooperativismo o la colaboración de los agricultores para ofrecer en común sus producciones y concentrar las compras de insumo; aunque a niveles más amplios que los actuales en términos de volumen.

¿Serán capaces los agricultores y las cooperativas españolas de salir del atolladero de los precios mirando por encima de estos hacia el futuro o nos veremos abocados a una solución sembrada de “cadáveres agrarios”? El tiempo lo dirá…

15 Jan 2016
ducles

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Revisitamos este tema, aunque esta vez de la mano de una interesante presentación de Ignacio Atance y que se puede consultar en la web del MAGRAMA (enlazada aquí). Las conclusiones de la primera parte no son nuevas, señala que la evolución del crédito al sector ha tenido un comportamiento menos extremo que el del conjunto de la economía española, y que sus tasas de morosidad son similares a las del resto de las actividades productivas (eliminando de ellas a la construcción y la actividad inmobiliaria).

financiación MAGRAMA

Gráfico: Variación del crédito y evolución de la tasa de dudoso.

La parte más novedosa es la que se dedica a explotar los datos del ICO. A través de este instrumento financiero del sector público se financia un gran volumen de operaciones. Así, en 2014 el sector agroalimentario pesaba en el balance del ICO un 20,2 %, muy por encima del peso del sector en la economía española (en torno al 9 %). Otro dato llamativo es que en el caso de la industria, la mayoría de los créditos son a corto plazo y se insertan en líneas específicas de apoyo a la exportación.

De entrada, la curiosa "especialización" del ICO en agroalimentario es muy llamativa. No tengo muy claro cual es la causa, aunque intuyo que muy posiblemente tenga que ver con el histórico distanciamiento de la banca tradicional con respecto al sector, el cual tampoco requería de grades inversiones (antes), ni presentaba grandes posibilidades de desarrollo del negocio financiero. Por tanto, recurrir al ICO sería una opción "natural".

Con respecto a la fuerte presencia de la exportación en la financiación de la industria de los alimentos tiene pinta de estar relacionado con la verdadera revolución exportador que este sector ha tenido en toda España en los años de la crisis.

19 Oct 2015
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En los últimos días un compañero de Cataluña me pedía ayuda sobre unas reflexiones de la Plataforma Agroforum. Para ello me enviaba un documento muy completo en el que se tratan aspectos que a buen seguro van a influir sobre el desarrollo de la agricultura mundial en los próximos años. Aunque es posible que resulten algo deslabazadas, ya que son fruto de la urgencia en la que se desenvuelve el día a día, creo que las notas que le pasé al compañero pueden ser un buen punto de partida para un debate más profundo. Espero vuestros comentarios al respecto:

a) Los combustibles fósiles y otros recursos naturales

Desde hace unos años se ha producido un “enganche” entre los precios de los alimentos y los combustibles. Dicho enganche se debe a dos cuestiones principalmente: los inputs de la agricultura, cada vez más vinculados a materias primas petroleras; y los biocombustibles actuales, que en la mayoría de las ocasiones tienen doble uso (alimentación humana y energía). 

Por otro lado, parece cada vez más evidente que hemos traspasado ya el pico del petróleo y que el evento fracking está desmoronándose (harora dicen que había mucho de burbuja financiera detrás del fenómeno). 

El escenario a medio y largo plazo es, pues, de un flujo petrolero menguante, un aumento del precio en el horizonte mediano y la necesidad de introducir tecnologías productivas que dependan lo menos posible de él.

fracking

¿El final de la era fracking?

b) El desafío alimentario 

En este apartado, casi nada que añadir. Tal vez mencionar que el cambio climático va a tener mucho que decir en este aspecto y que las estrategias de mitigación y adaptación que se sigan van a repercutir incluso en las demandas de los consumidores.  A corto plazo, el cambio en la alimentación de los emergentes podría beneficiarnos, ya que están adoptando básicamente el paquete alimentario occidental, pero a largo plazo hay que jugar con otras variables, como el propio cambio climático.

Hay una tendencia creciente en la demanda de los países occidentales, en las que la alimentación como fuente de salud tiene mucha importancia: a medio plazo la relación alimento-salud va a intensificarse (importancia de los estudios que demuestren o busquen correlatos entre alimentos y procesos biológicos en los humanos, creciente aociación de alimento con medicamento). 

Atención también a la emergente corriente de la economía compartida, que podría suponer un reforzamiento de los canales cortos de distribución. (La importancia creciente de los consumidores de auto organizarse haciendo uso de las TIC).

c) El cambio climático

Dentro de las estrategias adaptativas tal vez sea relevante el estudio de nuevas especies productivas mejor adaptadas a las nuevas condiciones o, incluso, el desarrollo de variedades vegetales y animales con mejores características para soportar los cambios (plantas que aguantes mejor el estrés hídrico, animales que aprovechen mejor el alimento, etc.).

En este sentido, y desde el punto de vista social, también será necesario organizar estrategias que permitan a las poblaciones una mejor adaptación, estrategias que pueden implicar desde ayudas para la adaptación a las repercusiones del cambio climático hasta el reasentamiento de poblaciones en los casos más extremos.

d) La desigualdad

Aquí podemos tirar de Piketty y de su constatación de que a largo plazo el capitalismo tiende a crear desigualdades de renta extremas. Si estuviera en lo cierto -y yo creo que lo está-, el problema sería tremendo, ya que implica la modificación de todo el entramado socio económico sobre el que estamos viviendo. Lo cierto es que el resto de factores sobre los que se habla en el documento van a presionar al sistema de manera importante en los próximos años, provocando con casi total seguridad una mutación del mismo. El problema es la elevada incertidumbre que se va a crear y las tensiones geopolíticas a las que tendremos que enfrentarnos (a las que de hecho ya nos estamos enfrentando, más sobre esto aquí y aquí). La suma de incertidumbre e inestabilidad puede ser terreno de labor abonadopara que enraícen los populismos de todo signo y pelaje, por lo que en última instancia también estaría en peligro la propia supervivencia de la democracia.

Ojo, un reflejo de los problemas geopolíticos son las oleadas de migrantes y refugiados. Las sociedades opulentas y envejecidas europeas, a las que les vendría bien un impulso demográfico en los estratos inferiores de las pirámides de población, están respondiendo con miedo y con preferencia por partidos de corte nacionalista y populista. La solidaridad, que es una parte fundamental de la solución, no solo no está ganando la partida, sino que se encuentra cada vez más en retroceso en unas sociedades prácticamente autistas que no ven más allá de sus propios miedos.

Estas tensiones, por otra parte, son un elemento que puede poner piedras en el camino de la globalización. No olvidemos que el mundo ya ha vivido un proceso globalilzador entre finales del s. XIX y principios del XX que generó tales tensiones que tuvimos que vivir dos guerras mundiales para aliviarlas…

 

20 Jan 2015
ducles

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Encerrados entre urbanizaciones, en el estrecho margen que hay entre el mar y la tierra, a lo largo del litoral malagueño y granadino, enfrentando cada día el coste de oportunidad del turismo en plena Costa del Sol. Aprovechando el mismo microclima que atrae a miles de turistas de toda Europa, protegidos por invernaderos de plástico, cientos de agricultores sacan adelante sus frutas tropicales: y lo hacen con éxito. Un éxito que queda patente desde el momento en el que esos cultivos sobreviven y no se han convertido en parcelas para chalets con vistas al mar.

Velezmalaga

El pasado mes de diciembre tuve la oportunidad de asistir a uno de los Encuentros Territoriales del Agroalimentario Malagueño, organizados por el Diario Sur y patrocinados por Junta de Andalucía, Extenda y Cajamar Caja Rural. El encuentro se organizaba en tres segmentos en los que se contaba el pasado, se daban las claves del presente y se intentaba vislumbrar el futuro. Me tocó hablar en el último lugar, lo que implica que prácticamente todo lo que llevaba preparado había sido dicho por otros intervinientes. Así que tuve que improvisar un poco, más vale ser breve que repetitivo.

Afortunadamente había estado tomando notas de las intervenciones anteriores y me di cueta que, entre unos y otras habían relizado un excelente diagnóstico de la situación del sector. Así que inmediatamente supe que tenía un nuevo post para La Locura y la Verdura (lo que no fui capaz de adivinar es todo el tiempo que tardaría en trascribirlo al blog). 

Creo que la principal conclusión que se podía sacar de aquella jornada era que estábamos hablando de un sector de futuro y con futuro, con una producción en expansión, pero también con algunos retos importantes para poder desarrollar todo su potencial:

  • Retos "institucionales", vinculados a la falta de un tejido institucional que permita lograr objetivos comunes del conjunto del sector, tales como la disponibilidad de agua para riego, promover la investigación o adecuar los requerimientos de hacienda a la realidad del sector. Todos estos retos requieren de una acción coordinada y, aunque parezca que no dependen directamete de los agentes del sector, lo cierto es que precisan de una labor de lobby que no puede hacerse sin una integración de intereses de los agricultores y empresas.
  • El reto de la dimensión. Varios intervinientes hicieron referencia a la necesidad de reequilibrar las relaciones proveedor-comercializador-distribuidor-consumidor. También se habló de "atomización y masificación" del sector. En este ámbito (en el que la resolución del problema institucional también tendría efectos beneficiosos) existe actualmente la comprensión del legislador (Ley de la Cadena Alimentaria) y de la propia UE, que en la reforma de la PAC hace referencia a la necesidad de reequilibrar la cadena. Al mismo tiempo, se están produciendo iniciativas de concentración en el propio sector que suponen una actitud proactiva en el camino de dimensionar la oferta para enfrentar el poder creciente de la gran distribución y poder también cubrir las necesiades de aprovisionamiento de esta.
  • El reto de la diversificación. En este terreno se referían principalmente a la posibilidad de abrir nuevos mercados (desde el punto de vista geográfico). Aunque el planteamiento puede ser mucho más amplio, si tenemos en cuenta nuevos productos, o incluso nuevas presentaciones (y gamas) basadas en los productos actuales. Si bien sobre el papel, esto es correcto, desde hace un tiempo he aprendido a tener en cuenta un aforismo que suele sentenciar el presidente de una gran cooperativa a propósito de los nichos de mercado: "el lugar donde más nichos hay es el cementerio". En cualquier caso, cualquier movimiento que se realice en este terreno debería perseguir como objetivo último obtener mayor valor para productores y comercializadores en origen (y esto pasa por ofrecerle más valor al consumidor final).
  • El reto de la diferenciación. Vinculado fuertemente al anterior, y que persigue precisamente que el consumidor perciba las frutas tropicales malagueñas como más valiosas que las del resto del mundo. Las fuentes de difrenciación clásicas en alimentos son el origen geográfico, la calidad, la sostenibilidad, la responsabilidad social (de importancia creciente en la medida que el consumidor va siendo más consciente). Y, por supuesto, el marketing como herramienta básica de comunicación de esas diferencias a los compradores potenciales. En este sentido, la provincia es experta en la comunicación de "relatos" que recrean experiencias (es lo que hace el sector turístico). El sector agroalimentario en general debería aprender a venderse a través de un relato coherente que transmita no solo una historia, sino unos valores y cualidades que puedan hecerse extensivas a los productos.
  • El reto de la financiación, vinculado a la crisis y a las dificultades sobrevenidas. A este respecto, la naturaleza de la crisis económica de la que parece que finalmente estamos saliendo (básicamente financiera en su origen) obliga a un intenso proceso de desapalancamiento de la mayor parte de los agentes (incluidos fmilias y empresas). De una crisis de estas características la salida difiícilmente puede venir precedida de la disponibilidad de crédito. De hecho, la evidencia existente señala que de este tipo de recesiones se sale "a pulmón": primero viene la mejora de la actividad y luego aflora el crédito, justo lo que está pasando en España.

Finalmente, la superación de la mayor parte de los retos señalados requiere también la mejora del principal activo del sector: los agricultores. Estos, empujados por la necesidad de obtener rentabilidad de unas inversiones crecientes, deben apostar claramente por una mejora de la profesionalidad y por la superación del papel de agricultor estricto para pasar a convertirse en un empresario agricultor.

6 Oct 2014
ducles

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Fruticultura siglo XXIEspaña, a pesar del incremento de la competencia, a pesar de los cambios en la estructura productiva, y a pesar de las dificultades relacionadas con las asimetrías de la cadena de distribución, sigue siendo una potencia en fruticultura. Y no se trata solo de los cítricos. En la mayor parte de los productos analizados en el reciente La fruticultura del siglo XXI en España coordinado por J.J. Hueso y J. Cuevas, nuestro país ocupa una posición relevante en el ámbito europeo y hasta mundial, normalmente como exportador.

El libro hace un repaso de casi todos los cultivos que se llevan a cabo en España, haciendo una aproximación a la situación del mismo en el entorno europeo y mundial, analizando la evolución reciente del mismo, enumerando las principales variedades e injertos, y analizando su rentabilidad económica.

Una de las principales conclusiones que llama la atención es que el cultivo de los frutales tiene futuro en España, pues la mayor parte de ellos se encuentran con coyunturas de consumo favorables, aunque también destaca que no todos los tipos de explotaciones serán rentables. Excepción hecha de las explotaciones de carácter ecológico que consigan integrarse en cadenas de distribución de alto valor, son las explotaciones modernas de regadío las que tienen mayores posibilidades de acceder a los mercados y alcanzar la rentabilidad. De hecho, en muchos de los cultivares, las tendencias son claras hacia este tipo de explotaciones, con marcos de plantación más densos y alta mecanización de las labores. 

Claro que el que esto escribe es un economista y tiende a fijarse en aquello a lo que su formación y experiencia han acostumbrado su mirada. Seguramente un o una ingeniero agrónomo, biólogo o agricultor fijará su atención en otros aspectos de este completo compendio, creo que único en España de su naturaleza.

El libro fue presentado en la pasada Vegetal World de Valencia, y ya se encuentra para su descarga y consulta en la web de Publicaciones Cajamar

22 Aug 2014
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(Cualquier parecido con la realidad pasada, presente o futura es pura coincidencia)

Año 2014. Rusia ha cerrado su mercado a los productos alimenticios de la UE como represalia por las sanciones que los Estados de la Unión le han impuesto por su intervención en Ucrania. Mientras, en el resto del mundo se frotan las manos pensando en llenar el enorme vacío, y los rusos comienzan a quejarse por el desabastecimiento en sus lineales. Los europeos vuelven a hacer lo que mejor saben: ir cada uno a lo suyo.

(Desde la caída del Imperio Romano nadie ha sido capaz de unir bajo un mismo gobierno a tantos pueblos. Dicen que esa es en parte una de las explicaciones del avance bélico de los europeos y es la razón última de su conquista del mundo desde el siglo XV).

Desde Bruselas intentan ordenar el discurso, ponen en marcha protocolos de ayuda a las producciones afectadas, pero eso significa que otros productores no afectados terminen cobrando menos ayudas de la PAC. “¿Qué hay de lo mío?” Los Gobiernos dicen una cosa en Bruselas pero, por detrás, comienzan a presionar a otros gobiernos, a negociar enjuagues con Putin y a desviar la atención. Todo sea por sus tomates. Y sus vacas.

Un poder emergente en Iraq, tan disparatado como el de los talibanes, ha venido a coincidir en el tiempo con este problema. La mejor cortina de humo. Los cañones se apuntan hacia allí y la presión mediática disminuye en Ucrania. Los rusos encantados, los europeos encantados y los ucranianos jodidos. La guerra ahora es cosa de drones, no hace falta derramar sangre patria en desiertos lejanos. Asepsia garantizada, como en las cadenas de suministro de alimentos. Pero esa lección ya la conocen los fanáticos. El punto débil de la civilización occidental es el miedo. Comienza la escalada terrorista en todo el mundo, hasta que sucede un nuevo 11S: la gota que colma el vaso. Los muertos ahora están en la calle de al lado, en la ciudad de al lado, en el país de al lado. La venganza es lo que impulsa a los soldados que, ahora sí, se dirigen al desierto lejano. Todo sea por sus vacas,  y su seguridad. Y sus tomates.

Mientras, en la Europa cercana, dos antiguas repúblicas soviéticas se enfrentan por algo tan viejo como la energía. El granero ucraniano, poco a poco, se seca, como se secan los oleoductos que atraviesan el país. Y en el Norte hace mucho frío. “¿Por qué no podemos poner la calefacción?” Los muertos son menos muertos cuando uno tiene los pies congelados. Y entonces alguien comienza a negociar una alternativa de suministro con los rusos. En el fondo todo el mundo sabe quién ganará ese enfrentamiento. Todo sea por el bien de los ciudadanos. Y sus tomates y vacas.

El mundo se termina enfrentando a lo que llamará una guerra de civilizaciones, la última cruzada, y mientras un agricultor de alguna pequeña explotación hortícola del Mediterráneo comenzará a creer que sus tomates están manchados de sangre. Porque, hacia el final de todo, cuando cesen las bolsas negras, cuando se hayan alzado los héroes de la paz con su foto de firma en la ONU, es posible que algún medio de comunicación canonice que todo empezó por proteger los tomates y las vacas europeas. Siempre hace falta un culpable de cara a la Historia con mayúsculas.

Y el mundo seguirá igual…

13 Aug 2014
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Esta semana hemos conocido que la crisis de Ucrania, en la que se mezclan nacionalismo, energía, salidas estratégicas al mar e intereses enfrentados de las grandes potencias, va a tener un efecto colateral sobre las exportaciones europeas (y, por ende, españolas) de alimentos.

El MAGRAMA hizo una rápida valoración de lo que iba a suponer el cierre de este importante mercado para los agricultores españoles en 337 millones de euros. Y la Comisión rápidamente ha anunciado que habrá compensaciones para las producciones afectadas, que son muchas y que precisamente son de las más importantes para nuestro país.

Lo cierto es que Rusia ya ha utilizado las restricciones a la agricultura europea en otras ocasiones, como cuando restringieron las importaciones de frutas y hortalizas de toda la Unión ante el escándalo de la bacteria e-coli en Alemania. Obviamente, los rusos saben dónde pegar: energía y agricultura son dos puntos sensibles en la Unión. El primero por nuestra debilidad y el segundo por nuestra capacidad y la dependencia subsiguiente de las exportaciones para colocar nuestras producciones.

En lo que respecta a España, nuestros flujos comerciales hacia el gigante del Este no son especialmente importantes en el conjunto del sector (1,2 % del total exportado en 2013), aunque en los últimos años han ido creciendo en presencia, al tiempo que Rusia y otras economías emergentes se convertían en una interesante (y necesaria) opción para expandir la actividad de nuestro pujante sector agroalimentario.

En los próximos gráficos vamos a intentar visualizar dichos flujos, centrándonos en los productos agrarios y alimentarios (los primeros 24 capítulos del Taric). En 2013 enviamos a Rusia bienes de dicha naturaleza por un importe de 584,6 millones de euros. Obviamente, no todos los apartados tuvieron la misma importancia, ya que las frutas acapararon el 27,0 % del total, seguidas de las carnes (19,8 %), las conservas de verduras y zumos (15,2 %) y las hortalizas y legumbres frescas (12,3 %). En conjunto, estos subsectores supusieron 3/4 partes del total y también suponen la mayor parte de los productos prohibidos, lo que sin duda supondrá un fuerte impacto en la balanza comercial bilateral.

Aportación de los diferentes capítulos a las exportaciones de Agricultura y Alimentos de España e Rusia en 2013 (en %).

 G1Rusia

Fuente: DATACOMEX


Aunque, como ya se ha mencionado, el peso de Rusia en nuestro comercio exterior apenas llega al 1,2 %, lo cierto es que en el capítulo de los productos de la agricultura y los alimentos, dicho peso es más elevado, y no solo lo fue en 2013 (1,6 %), sino a lo largo de por lo menos la última década:

G2Rusia

Fuente: DATACOMEX


Obviamente, esto implica que el peso de la agricultura y la alimentación en las exportaciones al mercado ruso es mayor que el que tiene sobre el conjunto de las ventas al extranjero. Es más, dicho capítulo supone entre un 20 y un 30 % de las ventas a la potencia euroasiática según los años.

G3Rusia

Fuente: DATACOMEX


Por otro lado, estas exportaciones han mantenido una tendencia creciente hasta un máximo alcanzado en 2012, seguido de un descenso importante del 26,3 % en 2013 (en los primeros 5 meses de 2014 se mantenía la tenencia decreciente). Es decir, España estaba teniendo un problema en el mercado ruso antes de las sanciones, aunque cabe la duda de si ese problema estaba relacionado con una debilidad transitoria de la capacidad de compra eslava o con un problema de competitividad de nuestros productos.

G4Rusia

Fuente: DATACOMEX


A priori, estos descensos parecen correlacionarse de forma bastante fiel con la marcha del propio PIB ruso, por lo que podemos concluir que los grandes altibajos en las ventas han estado más relacionados con la coyuntura económica de Rusia que con variaciones en la competitividad de las ventas españolas de agricultura y alimentación, aunque la falta de datos al respecto de 2014 no permiten sacar conclusiones indubitativas.

G5Rusia

Fuente: DATACOMEX

Finalmente, hemos querido ver la distribución de las exportaciones de manera regionalizada. Como era de esperar se denota también una alta concentración de las ventas, siendo Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía, las que más aportan y las que, en consecuencia, más se verán afectadas.


G6Rusia

Fuente: DATACOMEX

Las sanciones rusas serán por un año, pero en ese tiempo sus distribuidoras tendrán que buscar suministradores sustitutivos, lo que implicará que en muchos casos haya que volver a empezar casi de cero cuando las sanciones se eliminen. Y toda empresa que lo ha intentado sabe lo difícil que resulta entrar en un mercado extranjero. Y esto sin considerar los efectos que sobre los precios que puedan tener las expectativas del resto de los agentes mundiales de un exceso de producción en nuestras explotaciones agrarias.

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David

David Uclés Aguilera

Economista funambulista entre ser y querer ser
Agroalimentos Everywhere
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