17 Dec 2015
ducles

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Este artículo se ha elaborado para el Anuario de la Agricultura de La Voz de Almería y es una reflexión personal en torno al Análisis de la campaña hortofrutícola de Almería 2014-2015 de Cajamar Caja Rural.

Antes de que la economía fuera economía, antes de que Smith escribiera La riqueza de las naciones, o de que Marshall desligara la economía de la ética, el pensamiento económico se encontraba enmarañado en leyendas y textos de carácter moral o religioso; verbigracia, la Biblia. En el Génesis, además del mito semita de la creación, nos encontramos al patriarca José, en el destierro de los hebreos en Egipto. El entonces esclavo judío interpreta un sueño del faraón, que había visto subir por el río siete vacas “hermosas a la vista, y muy gordas”, y tras ellas otras siete “de feo aspecto y enjutas de carne” que terminaban devorando a las gordas.

Análisis campaña Cajamar

José, a la manera de un proto-Keynes interpretó que habría siete años de buenas cosechas, que vendrían seguidos de otros siete de sequía y que los años malos acabarían con la abundancia de Egipto. Así que le recomienda al todopoderoso gobernante que aproveche los años de abundancia y que almacene en los silos del faraón provisiones de grano suficientes para los años malos que vendrían después. Al margen de ser una medida de equilibrio de mercado ejecutada desde el sector público (salvando las muchas distancias), se trata de un consejo de prudencia que casi todo el mundo tenía en mente en los años de la España pobre y escasa y que poco a poco se fue olvidando a medida que nos hacíamos ricos.

El sector hortofrutícola almeriense lleva muchos años de récords casi consecutivos, en los que se baten cifras de superficie cultivada, toneladas producidas y exportadas y valor de la cosecha. Estos éxitos son el producto de la enorme competitividad acumulada por nuestra agricultura de invernadero durante el esfuerzo continuado de décadas. Y esta, a su vez, se origina en un conjunto de factores que van desde la rapidez y eficiencia en la introducción de novedades productivas en las explotaciones, o la flexibilidad del modelo para adaptarse rápidamente a los cambiantes requerimientos del mercado, a las ventajas asociadas a las economías de aglomeración. En los últimos años, además, al constituirse como uno de los pocos sectores económicos que funcionaban en la provincia, se ha convertido en el destino de muchas inversiones y de mucho capital humano de calidad.

Este impulso, obviamente, no tiene porqué desaparecer. Actualmente, el sector se encuentra en medio de un círculo virtuoso en el que los buenos resultados  atraen más inversiones y recursos para el mismo, lo cual contribuye a mejorar y reforzar la competitividad. Sin embargo, no es mala cosa tener en mente el sueño del faraón. Los buenos tiempos no son eternos y no podemos cometer la imprudencia de que un par de malos años nos encuentren sobrendeudados o demasiado apalancados.

La prudencia a veces se confunde con cobardía. No se trata de dejar de aprovechar oportunidades de mercado, por supuesto. Se trata de tener en cuenta la posibilidad de fallo, y plantearse alternativas de salida. En el fondo es desarrollar el pensamiento estratégico en las organizaciones comerciales de la agricultura y, sobre todo, en las propias explotaciones. Este es el eslabón más complicado, más que nada por el número de agricultores  que existen (entre once y trece mil) y la tendencia de muchos de ellos a considerarse agricultores y no empresarios, olvidando que lo que te hace empresario no es tu propia consideración, sino la capacidad de gestionar unos recursos escasos para producir unos bienes que se intercambiarán en los mercados.

 Así que, reinterpretando el sueño del faraón en clave del sector agrícola almeriense actual, tendríamos que pensar que no siempre vamos a conseguir batir récords, porque los impulsos tienen a ir perdiendo fuerza con el tiempo, porque los competidores no se estarán quietos y cualquier sistema productivo está condicionado por unas variables físicas sobre las que hay poco control (esto siempre es más que cierto en la agricultura). Estamos en medio de los años de bonanza, y como precavidos gobernantes de nuestra propia hacienda, deberíamos comenzar a ser prudentes. Desgraciadamente, ya no basta con guardar para las vacas flacas, ya que los tiempos y mercados actuales requieren una actualización constante tanto de los productos como de las capacidades productivas. Pero podemos considerar que ahora la prudencia es sinónima de asignar una probabilidad superior a cero a la opción menos favorable y que tengamos esta en cuenta a la hora de realizar nuestras inversiones y de planificar las campañas.

La campaña 2015-2016 está iniciándose con precios reducidos, con un adelanto masivo de las producciones por el retraso en la llegada del “general Invierno”. Queda aún margen de mejora de aquí a junio, pero para los agricultores que hayan tenido mala suerte con su elección de fecha de siembra y cultivo, pueden haber acortado su margen de supervivencia, convirtiéndose la segunda parte de la campaña en un cara o cruz extremadamente vital. Mucho más vital cuanto más agotada se encuentre su capacidad de endeudamiento.

Si los augurios sobre el cambio climático se siguen cumpliendo, los inviernos cálidos serán cada vez más frecuentes, con lo que nuestra precocidad puede convertirse en un arma de doble filo. Por tanto, la alternancia entre campañas buenas y malas seguirá siendo una de las características definitorias de esta actividad. Y, también por tanto, y volviendo a esa prudencia bien entendida, entre los objetivos del sector tendríamos que considerar la generación de mecanismos, tanto productivos, como financieros, para hacer frente a estas situaciones en el futuro. La madurez del sector, su capacidad innovadora, los mecanismos creados para la difusión del conocimiento, las organizaciones de comercialización y profesionales deberían ponerse en juego no solo para hacer frente a una nueva amenaza biológica o de mercado, deberían movilizarse también para organizar el futuro y evitar que las siete vacas flacas (que en algún momento llegarán) pongan en peligro todo lo que se ha construido en estos más de 50 años de revolución transparente en Almería.

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David Uclés Aguilera

Economista funambulista entre ser y querer ser
Agroalimentos Everywhere
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